Un poco por casualidad

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–¿Qué es-estudias? –me preguntó.

–Teatro –le respondí.

–¿Haces teatro?

–No. Se trata de leer obras de teatro, de investigar. Ya sabes, Racine, Ionesco, Shakespeare...

Repuso que, aparte de Shakespeare, no había oído hablar jamás de los otros autores. Yo apenas los conocía, pero figuraban en el índice de materias del curso.

–Bu-bueno, sea como sea, eso es lo que te gusta –dijo.

–No especialmente –repuse.

Esta respuesta lo desconcertó. Y cuando se desconcertaba su tartamudeo se agravaba. Me sentí culpable.

–Me daba igual una cosa que otra –le expliqué–. Etnología, historia de Asia... Al final elegí teatro un poco por casualidad.

Por supuesto, no era ése el tipo de explicación que podía convencerlo.

–No lo en-entiendo. –Puso cara de no entender nada–. En mi ca-caso, me gustan los ma-mapas, y por eso estudio ma-mapas. Por eso, he en-entrado en una universidad de Tokio, y mis padres me envían di-dinero. Pero tú dices que a ti no te pa-pasa lo mismo que a mí...

Su argumento era más lógico que el mío, así que desistí de seguir dándole explicaciones.
Tokio blues, Haruki Murakami.