Tantas manos unidas

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En el nombre de la cordura, debéis iros a casa. El invierno se acerca, nadie alimenta a los animales que confian en nosotros, los ancianos se mueren de frío, las mujeres están de luto, el país se corroe. Combatid a Nuggam, porque ya no es nada, nada más que el eco venenoso de toda vuestra ignorancia y mezquindad y estupidez maliciosa. Encontrad a un dios más digno de seguir. ¡Y dejadme... en... paz! ¡Todas esas oraciones, todas esas súplicas... a mí! ¡Demasiadas manos unidas, que podrían responder con mayor beneficio a las oraciones mediante el esfuerzo y la decisión!
Regimiento Monstruoso, Terry Pratchett.

Quienes buscan la verdad

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La compañía de quienes buscan la verdad es infinitamente preferible a la de quienes creen haberla encontrado
Regimiento Monstruoso, Terry Pratchett.

Cuando le haces daño a alguien

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—¿Sabes lo que pasa cuando le haces daño a alguien? —dijo Ammu—. Cuando le haces daño a alguien, empieza a quererte menos.

El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy.

El juego de las ilusiones

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Cuando pronunció su afamado "mot de Sant Denis" hasta el pasto se chamuscó. El desencanto y la desolación lo siguieron. No se dijo ni una palabra. "¡Ahórrenos otro semejante, Madame, por amor de Dios!", gritaron al unísono sus amigos. Y ella acató ese ruego. Durante diecisite años no dijo nada memorable, y todo anduvo bien. El hermoso tapiz de la ilusión quedó intacto [...] Los huéspedes creían ser felices, creían ser ingeniosos, creían ser profundos, y como lo creían, otras personas lo creían aún más; y así se propaló que nada podía igualar el encanto de las tertulias de Lady R.; todos tenían envidia de quienes participaban en ellas; los que participaban se envidiaban porque los envidiban los otros; y aquello parecía no tener fin -salvo el que pasaremos a referir.

Orlando, Virginia Woolf.

Patriota-paria

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Todo son patrañas. ¡Te reprimen todo el tiempo y cuando cabrean a otro país, eres tú quien ha de luchar por ellos! ¡Solo es tu país cuando quieren que te maten!
Regimiento monstruoso, Terry Pratchett.

Importancia relativa

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Pero cuando las obligaciones no son algo serio (producen risa), lo serio es quizás aquello que no es obligatorio.
El Libro De Los Amores Ridículos, Milan Kundera.

Vicky se quedó

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Él la escucha obediente. Angela le dice que el imperialismo es un arma utilizada por los blancos ricos para pagar a los obreros negros menos por su trabajo, y es entonces cuando él aprovecha la oportunidad para hablarle de la encargada negra, Vicky, que lleva treinta años trabajando en Newark Maid, una mujer diminuta dotada de un ingenio impresionante, vigor y honestidad, con dos hijos, graduados por Rutgers de Newark, Donny y Blaine, y ahora los dos en la facultad de medicina. Le cuenta que sólo Vicky permaneció con él en el edificio las veinticuatro horas del día, durante los disturbios de 1967. Por la radio advertían desde la alcaldía que todo el mundo abandonara la ciudad de inmediato, pero él se había quedado, porque pensaba que tal vez al estar allí podría proteger al edificio de los vándalos y también por la misma razón que lleva a la gente a quedarse cuando golpea un huracán, porque no pueden dejar a sus espaldas las cosas que aman. Más o menos por ese motivo, Vicky se quedó.
Pastoral americana, Philip Roth.

Alguna clase de amigo

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Desde la primera noche supo que la esposa ganaría, ellas tienen anzuelos y, en cualquier caso, se siente francamente mal: una oleada de náuseas rompe contra ella y se retira arrastrando consigo todas sus preocupaciones. Va al lavabo, se arrodilla en las baldosas y contempla el quieto óvalo de agua en la taza, como si eso fuese a hacer algo. Al fin y al cabo no cree que vaya a vomitar, pero se queda ahí porque le complace, su brazo desnudo descansando en el frío borde de porcelana, y se acostumbra a la amenaza en su estómago, que no se disuelve, que se queda con ella y así, en su estado de debilidad, llega a parecerle que esa cosa que le causa náuseas es alguna clase de amigo.
Corre, Conejo, John Updike.

No se puede ganar siempre

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Xa advertin ao principio que non son a clase de persoa que non soporta a derrota. Acho que a derrota é, até certo punto, algo que non se pode evitar. A xente, sexa que for, non pode gañar sempre. Na autoestrada da vida non se pode correr soamente polo carril de adiantamento. Mais outra cousa diferente é non querer cometer varias veces o mesmo erro. Prefiro aprender algo dun fracaso e aproveitar o escarmento para a próxima vez.
Do que estou a falar cando falo de correr, Haruki Murakami.