¿Por qué rezas tú?

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«En la juventud —se dijo— rezamos por el triunfo de nuestras ansias; llega una edad en que sólo se reza por la paz de nuestros muertos. Aquéllas disminuyen y éstos aumentan. Eso es, al fin, toda la vida y todas las vidas».
El bosque animado, Wenceslao Fernández Flórez.

A vueltas con los bipolares

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(Va ser) la naturalesa exigent de les meves aspiracions, més que no pas el caràcter degradant de les meves culpes, que em va fer tal com era,i que, amb una trinxera més fonda que la de la majoria dels homes, va dividir en mi aquelles parcel·les del bé i del mal que separen i constitueixen la naturalesa dual de l'home.
[...]
Però, malgrat la meva fonda dualitat, no era pas hipòcrita, les meves dues cares eren decididament genuïnes: quan vaig abandonar tota restricció i em vaig enfonsar en la vergonya, no era pas menys jo mateix que quan treballava, a la vista de tothom, per fer avançar el coneixement o per alleujar la pena i el dolor.
[...]
em vaig anar acostant regularment a aquella veritat amb la descoberta parcial de la qual he estat condemnat a aquest terrible naufragi: que l'home no és realment una unitat, sinó una dualitat. Dic dualitat, perquè l'estadi del meu coneixement actual no va més enllà d'aquest punt. En vindran d'altres, uns altres que em superaran en la mateixa direcció, i m'atreveixo a predir que l'home serà finalment considerat i reconegut com un conglomerat de personalitats diferents, discrepants i independents. Jo, per la meva part, a causa de la naturalesa de la meva vida, he avançat infal·liblement en una direcció i només en una.
El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson.

Perdidamente enamorados

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La mayoría de los empleados del periódico hace años que trabajan allí. Se han casado contando con os ingresos que éste les proporciona, han tomado hipotcas gracias a este lugar, han creado familias sabiendo que el dinero financiaría la vida de sus hijos. Si este lugar se hunde, están arruinados. Durante todos estos años han vilipendiado al diario, pero ahora que amenaza con despedirlos, vuelven a estar perdidamente enamorados de él.
-¿Estamos todos? -pregunta Oliver.
Durante un minuto, habla de forma improvisada, después se pone nervioso y coge una copia del informe confidencial sobre el periódico del consejo de administración de Ott. Mientras examina las páginas, va lanzando miradas suplicantes en dirección a Kathleen. Ésta aparta la vista. Él se aclara la garganta y encuentra por fin un pasaje relevante. Lo lee en voz alta, y añade:
-Esto es lo que ha decidido el consejo. -Se aclara nuevamente la garganta-. Lo siento mucho.
Los imperfeccionistas, Tom Rachman.

Los delfines

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Es un hecho importante y conocido que las cosas no siempre son lo que parecen. Por ejemplo, en el planeta Tierra el hombre siempre supuso que era más inteligente que los delfines porque había producido muchas cosas -la rueda, Nueva York, las guerras, etcétera-, mientras que los delfines lo único que habían hecho consistía en juguetear en el agua y divertirse. Pero a la inversa, los delfines siempre creyeron que eran mucho más inteligentes que el hombre, precisamente por las mismas razones.

Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams.

Música, absurdidad y pureza

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En otro aspecto, sucede lo mismo con la música. Si hay un arte privado de enseñanza es ése. Está demasiado próximo a las matemáticas para no haber tomado algo de su gratuidad. Ese juego del espíritu consigo mismo según leyes convenidas y medidas se despliga en el espacio sonoro que es el nuestro y por encima del cual las vibraciones se encuentran, no obstante, en un universo inhumano. No existe sensación más pura.
El mito de Sísifo, Albert Camus.

Jaula de grillos

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Aquel hotel estaba lleno de maníacos sexuales. Yo era problamente la persona más normal de todo el edificio, lo que les dará una idea aproximada de la jaula de grillos que era aquello
El guardián entre el centeno, J. D. Salinger.

El hermano hombre

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El oso: Yo he visto más de una vez hombres como éste trepar alegremente por la montaña y andar entre nieve, en los días más duros del invierno… ¿Por qué lo harán?

El conejo flaco: Yo lo sé, y vosotros lo sabríais también, si conocieseis su vida. En verdad os digo que no hay alimaña del monte más digna de compasión que los hombres de la ciudad. La ciudad tiene la inquietud ansiosa de un eterno acecho, en el que cada uno es pieza y es cazador. La ciudad es un ruido incesante: prisa, tumulto, voracidad, enloquecimiento. El raudal humano en las calles es como el tropel de animales que huyen de un bosque incendiado. El aire está podrido; el sol, enfermo; el agua, envenenada. Los pájaros tienen cárcel; las flores también. Unos arbolillos anémicos salen en sus tiestos a las aceras, como paralíticos en sus coches de mano, y se retiran antes de medianoche. Es una existencia de pesadilla. La ciudad es un corral de hombres. Y algunos hombres huyen —como yo he huido— de ese corral, aunque por poco tiempo. Sienten como nosotros la necesidad de reintegrarse a la tierra madre, tan bella; de huir de lo artificioso, de respirar el aire ancho y libre de las cumbres; de correr por el bosque o entre los picachos; de beber de bruces el agua del regato, tan fresca y limpia, que llena el alma de emoción, como si bebiésemos, de una vena de la tierra, sangre del puro y generoso corazón de la tierra. Gozan, como nosotros gozamos, este sencillo e insuperable sentimiento de la naturaleza no adulterada. Después vuelven tristemente a su corral inmundo. Son como nosotros mismos. Éste que ahí está, ignorante de que decidimos su suerte, no es el hombre feroz, enemigo nuestro. Es… el hermano hombre, que salió como nosotros de la tierra y que como nosotros la ama. Respetemos la vida del hermano.
El bosque animado, Wenceslao Fernández Flórez.

Dios y mierda.

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El hijo de Stalin no tenía una vida fácil. Su padre lo había concebido con una mujer a la que, después, según todos los indicios, asesinó. El joven Stalin era por tanto hijo de Dios (porque su padre era venerado como un Dios) y, al mismo tiempo, réprobo. La gente lo temía por partida doble: podía hacerles daño con su poder (al fin y al cabo era hijo de Stalin) y con su favor (el padre podía castigar a sus amigos en lugar de hacerlo con el hijo réprobo).
La reprobación y el privilegio, la felicidad y la infelicidad, nadie sintió de un modo más concreto hasta qué punto estos contrarios son intercambiables y hasta qué punto no hay más que un paso desde un polo de la existencia humana hasta el otro.
Nada más empezar la guerra lo capturaron los alemanes, y otros prisioneros, que pertenecían a una nación que siempre le había sido profundamente antipática por su incomprensible introversión, lo acusaron de ser sucio. ¿El, que debía soportar el peso del mayor drama imaginable (ser al mismo tiempo hijo de Dios y ángel réprobo), debía ser ahora sometido a juicio, no por cuestiones elevadas (referidas a Dios y a los ángeles), sino por asuntos de mierda? ¿Está entonces el más elevado drama tan vertiginosamente próximo al más bajo?
¿Vertiginosamente próximo? ¿Es que la proximidad puede producir vértigo?
Puede. Cuando el polo norte se aproxima al polo sur hasta llegar a tocarlo, la tierra desaparece y el hombre se encuentra en un vacío que hace que la cabeza le dé vueltas y se sienta atraído por la caída.
Si la reprobación y el privilegio son lo mismo, si no hay diferencia entre la elevación y la bajeza, si el hijo de Dios puede ser juzgado por cuestiones de mierda, la existencia humana pierde sus dimensiones y se vuelve insoportablemente leve. En ese momento el hijo de Stalin echa a correr hacia los alambres electrificados para lanzar sobre ellos su cuerpo como sobre el platillo de una balanza que cuelga lamentablemente en lo alto, elevado por la infinita levedad de un mundo que ha perdido sus dimensiones.
El hijo de Stalin dio su vida por la mierda. Pero morir por la mierda no es una muerte sin sentido. Los alemanes, que sacrificaban su vida para extender el territorio de su imperio hacia oriente, los rusos, que morían para que el poder de su patria llegase más lejos hacia occidente, ésos sí, ésos morían por una tontería y su muerte carece de sentido y de validez general. Por el contrario la muerte del hijo de Stalin fue, en medio de la estupidez generalizada de la guerra, la única muerte metafísica.

La insoportable levedad del ser, Milan Kundera.

Vértigo

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Aquel que quiere permanentemente "llegar más alto" tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.
La comitiva de mujeres desnudas alrededor de la piscina, los cadáveres en el coche fúnebre, que se alegraban de que Teresa estuviese muerta como ellos, ése era el "abajo" que la espantaba, del cual ya había huido una vez, pero que la seducía en secreto. Ese era su vértigo: era la llamada de una dulce (casi alegre) renuncia a su destino y a su alma. Era la llamada de la solidaridad de los imbéciles y en sus momentos de debilidad sentía ganas de obedecer a esa llamada y volver a casa de su madre. Sentía ganas de ordenar que los marinos del alma se retirasen de la cubierta del cuerpo; de sentarse con las amigas de la madre y reírse de que una de ellas ha soltado una sonora ventosidad; de marchar con ellas desnuda alrededor de la piscina y cantar.

La insoportable levedad del ser
, Milan Kundera.

¿Quién hace el trabajo duro?

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Hay que tomar ese camino, pero recorrerlo será difícil. Y ni la fuerza ni la sabiduría podrían llevarnos muy lejos. Los débiles pueden intentar esta tarea con tantas esperanzas como los fuertes. Sin embargo, así son a menudo los trabajos que mueven las ruedas de este mundo. Las manos pequeñas hacen esos trabajos porque es menester hacerlos, mientras los ojos de los grandes se vuelven a otra parte.
El señor de los anillos, J.R.R. Tolkien.

Tantas manos unidas

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En el nombre de la cordura, debéis iros a casa. El invierno se acerca, nadie alimenta a los animales que confian en nosotros, los ancianos se mueren de frío, las mujeres están de luto, el país se corroe. Combatid a Nuggam, porque ya no es nada, nada más que el eco venenoso de toda vuestra ignorancia y mezquindad y estupidez maliciosa. Encontrad a un dios más digno de seguir. ¡Y dejadme... en... paz! ¡Todas esas oraciones, todas esas súplicas... a mí! ¡Demasiadas manos unidas, que podrían responder con mayor beneficio a las oraciones mediante el esfuerzo y la decisión!
Regimiento Monstruoso, Terry Pratchett.

Quienes buscan la verdad

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La compañía de quienes buscan la verdad es infinitamente preferible a la de quienes creen haberla encontrado
Regimiento Monstruoso, Terry Pratchett.

Cuando le haces daño a alguien

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—¿Sabes lo que pasa cuando le haces daño a alguien? —dijo Ammu—. Cuando le haces daño a alguien, empieza a quererte menos.

El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy.

El juego de las ilusiones

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Cuando pronunció su afamado "mot de Sant Denis" hasta el pasto se chamuscó. El desencanto y la desolación lo siguieron. No se dijo ni una palabra. "¡Ahórrenos otro semejante, Madame, por amor de Dios!", gritaron al unísono sus amigos. Y ella acató ese ruego. Durante diecisite años no dijo nada memorable, y todo anduvo bien. El hermoso tapiz de la ilusión quedó intacto [...] Los huéspedes creían ser felices, creían ser ingeniosos, creían ser profundos, y como lo creían, otras personas lo creían aún más; y así se propaló que nada podía igualar el encanto de las tertulias de Lady R.; todos tenían envidia de quienes participaban en ellas; los que participaban se envidiaban porque los envidiban los otros; y aquello parecía no tener fin -salvo el que pasaremos a referir.

Orlando, Virginia Woolf.

Patriota-paria

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Todo son patrañas. ¡Te reprimen todo el tiempo y cuando cabrean a otro país, eres tú quien ha de luchar por ellos! ¡Solo es tu país cuando quieren que te maten!
Regimiento monstruoso, Terry Pratchett.

Importancia relativa

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Pero cuando las obligaciones no son algo serio (producen risa), lo serio es quizás aquello que no es obligatorio.
El Libro De Los Amores Ridículos, Milan Kundera.

Vicky se quedó

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Él la escucha obediente. Angela le dice que el imperialismo es un arma utilizada por los blancos ricos para pagar a los obreros negros menos por su trabajo, y es entonces cuando él aprovecha la oportunidad para hablarle de la encargada negra, Vicky, que lleva treinta años trabajando en Newark Maid, una mujer diminuta dotada de un ingenio impresionante, vigor y honestidad, con dos hijos, graduados por Rutgers de Newark, Donny y Blaine, y ahora los dos en la facultad de medicina. Le cuenta que sólo Vicky permaneció con él en el edificio las veinticuatro horas del día, durante los disturbios de 1967. Por la radio advertían desde la alcaldía que todo el mundo abandonara la ciudad de inmediato, pero él se había quedado, porque pensaba que tal vez al estar allí podría proteger al edificio de los vándalos y también por la misma razón que lleva a la gente a quedarse cuando golpea un huracán, porque no pueden dejar a sus espaldas las cosas que aman. Más o menos por ese motivo, Vicky se quedó.
Pastoral americana, Philip Roth.

Alguna clase de amigo

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Desde la primera noche supo que la esposa ganaría, ellas tienen anzuelos y, en cualquier caso, se siente francamente mal: una oleada de náuseas rompe contra ella y se retira arrastrando consigo todas sus preocupaciones. Va al lavabo, se arrodilla en las baldosas y contempla el quieto óvalo de agua en la taza, como si eso fuese a hacer algo. Al fin y al cabo no cree que vaya a vomitar, pero se queda ahí porque le complace, su brazo desnudo descansando en el frío borde de porcelana, y se acostumbra a la amenaza en su estómago, que no se disuelve, que se queda con ella y así, en su estado de debilidad, llega a parecerle que esa cosa que le causa náuseas es alguna clase de amigo.
Corre, Conejo, John Updike.

No se puede ganar siempre

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Xa advertin ao principio que non son a clase de persoa que non soporta a derrota. Acho que a derrota é, até certo punto, algo que non se pode evitar. A xente, sexa que for, non pode gañar sempre. Na autoestrada da vida non se pode correr soamente polo carril de adiantamento. Mais outra cousa diferente é non querer cometer varias veces o mesmo erro. Prefiro aprender algo dun fracaso e aproveitar o escarmento para a próxima vez.
Do que estou a falar cando falo de correr, Haruki Murakami.

Mortalidad vs Inmortalidad

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La muerte (o su alusión) hace preciosos y patéticos a los hombres. Éstos se conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso. Entre los Inmortales, en cambio, cada acto (y cada pensamiento) es el eco de otros que en el pasado lo antecedieron, sin principio visible, o el fiel presagio de otros que en el futuro lo repetirán hasta el vértigo. No hay cosa que no esté como perdida entre infatigables espejos. Nada puede ocurrir una sola vez, nada es preciosamente precario. Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales.
El inmortal, Borges.

Un vómito es sólo un vómito

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Una señora con un pequinés en brazos se le acerca mientras ella está colgando el teléfono, doblada hacia un costado. A sus pies, un vómito de color blanco, color galleta, salpica un poco sus zapatos. [...] La señora la mira con desprecio.

- ¿No te da vergüenza? Qué asco. ¡Puercos, que sois unos puercos!

Octavia gira la cabeza y se siente muy mal. Las mejillas le arden y la frente se le hiela. «Ahora no, por favor», dicen sus ojos.

- ¡Qué asco! ¡No tenéis vergüenza! ¡Esto es horroroso! [...] - prosigue. Continúa refiriéndose a ella en plural, como si fueran muchos.

Octavia la mira, empalidenciendo.

- ¿Horroroso? - Es lo único que puede decir -. Esto no es horroso, señora. Horroroso es otra cosa. Usted se confunde - Su voz suena a papel de lija sobre madera.

La señora la mira con extrañeza [...].

- Horroroso es otra cosa - continua Octavia, los ojos llorosos fijos en la señora-. ¿Sabe usted que cuando un niño nace muerto, después de cesáreas y fórceps y meses de embarazo, sabe usted que cuando nace muerto hay que ir a registrarlo? Al haber nacido consta como ciudadano, así que al cabo de unos días hay que ir al Registro Civil y darlo de alta como difunto. La madre, que acaba de perderlo, tiene que darle nombre y apellidos. Eso es horroroso, señora. Esto es sólo un vómito.
El día que me vaya no se lo diré a nadie, Kiko Amat.

Qué Judas!

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Yo pensaba en Judas Iscariote, de quien un ingenioso autor dice que traicionó a Jesús precisamente porque creía ilimitadamente en él: estaba impaciente por ver el milagro con el que Jesús pondría en evidencia ante todos los judíos su poder divino; por eso lo entregó, para provocarlo y hacerlo actuar de una vez: lo traicionó porque deseaba acelerar su triunfo.
El Libro De Los Amores Ridículos, Milan Kundera

La valentía

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Te ha dolido, ¿verdad?, dijo el chico.
Sí.
¿Eres muy valiente?
Regular.
¿Qué es lo más valiente que has hecho?
Escupió en la carretera una flema sanguinolenta. Levantarme esta mañana, dijo.
¿En serio?
No. No me hagas caso. Vamos, en marcha.
La carretera, Cormac McCarthy.

No te apresures

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Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.
El señor de los anillos, J.R.R. Tolkien.

A toro pasado

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El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido.
El Libro De Los Amores Ridículos, Milan Kundera.

El torturador

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Capitán: “ Si usted muere sin nombrar un solo dato, para mí es la derrota total, la vergüenza total. Si en cambio dice algo, habrá también algo que me justifique. Ya mi crueldad no será gratuita, puesto que cumple su objetivo. Es sólo eso lo que le pido, lo que le suplico...”
Pedro y el capitán, Mario Benedetti.

Naturalmente contradictorios

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- ¿Por qué me iba a enfadar? - Se enfadó Havel.
El libro de los amores ridículos, Milan Kundera.

Hesse nos esboza Terminator

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Me encontré arrebatado, en un mundo agitado y bullicioso. Por las calle corrían los automóviles a toda velocidad y se dedicaba a la caza de los peatones, los atropellaban haciéndolos papilla, los aplastaban horrorosamente contra las paredes de las casas. Comprendí el punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a estos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal; a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas.

El lobo estepario. Hermann Hesse

El que ha de preocuparse por todo

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Solo tenía hambre, papá. Se va a morir.
Se morirá igualmente.
Está muy asustado.
El hombre se puso en cuclillas y le miró. Yo también estoy asustado, dijo. ¿Entiendes? Muy asustado.
El chico no replicó. Se quedó sentado con la cabeza gacha, sollozando.
Tú no eres el que ha de preocuparse por todo.
El chico dijo algo pero no pudo entenderlo. ¿Qué?, dijo.
Levantó la cara húmeda y tiznada. Sí que lo soy, dijo.

La carretera, Cormac McCarthy.

Yo también tengo sentimientos

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Si nos pincháis, ¿acaso no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿acaso no nos reímos? Y si nos ofendéis ¿acaso no nos vamos a vengar?

El mercader de Venecia. William Shakespeare.

El don del lenguaje

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Hay dos clases de animales en este mundo: los que poseen el don del lenguaje y los que no lo poseen. Los animales que poseen el don del lenguaje se dividen, a su vez, en dos tipos: los que hablan y los que escuchan. La mayor parte de estos últimos la constituyen los perros.

Firmin. Rata.

Firmin: aventuras de una alimaña urbana. Sam Savage

Deber y culpa

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-Espere usted -dijo cortesmente Gustavo-, la noción del deber ciertamente que no la conozco, no la conozco ya. En otro tiempo me dió mucho que hacer por razón de mi oficio; yo era profesor de Teología. Además fui soldado y estuve en la guerra. Lo que me parecía que era el deber y lo que me fue ordenado en toda ocasión por las autoridades y los superiores, todo ello no era bueno en verdad; hubiera preferido hacer siempre lo contrario. Pero aun cuando no conozca ya el concepto del deber, conozco, sin embargo, el de la culpa; acaso son los dos la misma cosa. Por haberme traído al mundo una madre, ya soy culpable,ya estoy condenado, a matar, a pagar impuestos para armamentos. Y ahora, en ese momento, la culpa de vivir me ha llevado otra vez, como antaño en la guerra, a tener que matar. Y en esta ocasión no mato con repugnancia, me he rendido a la culpa, no tengo nada en contra de que este mundo sobrecargado y necio salte en pedazos; yo ayudo con gusto, y con gusto sucumbo yo mismo a la vez.
El lobo estepario. Hermann Hesse.

Esto es comedia

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Ella piensa: "Le estoy diciendo quién soy. Le interesa saber quién soy". Eso es cierto, pero siento curiosidad por su manera de ser porque quiero follármela. No necesito todo este gran interés por Kafka y Velázquez. Mientras converso así con ella, me pregunto cuánto más voy a tener que aguantar. ¿Tres horas? ¿Cuatro? ¿Llegaré a ocho horas? Cuando llevamos veinte minutos cubiertos con el velo, me pregunto ya: ¿Qué tiene esto que ver con sus tetas, su piel y su porte? El arte francés del coqueteo no me interesa, al contrario que el impulso salvaje. No, esto no es seducción. Esto es comedia. Es la comedia de crear un enlace que no es tal, que no puede competir con el enlace creado sin artificio por la lujuria.

El animal moribundo, Philip Roth

Dios no es un caballero

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- Ese concepto del tránsito -Ayala sonrió, encantado de prolongar la conversación con el maestro de esgrima- tiene un sospechoso tufillo católico, ya sabe. La buena muerte como puerta de la salvación eterna.
- Si se espera la salvación, o lo que sea, la cosa ya no tiene mucho mérito... Yo me refería al último combate en el umbral de una oscuridad eterna, sin más testigo que uno mismo.
- Se olvida usted de Dios.
- No me interesa. Dios tolera lo intolerable, es irresponsable e inconsecuente. No es un caballero.


El maestro de esgrima. Arturo Pérez-Reverte.

Nací dos veces

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Nací dos veces: fui niña primero, en un increíble día sin niebla tóxica de Detroit, en enero de 1960; y chico después, en una sala de urgencias cerca de Petoskey, Michigan, en agosto de 1974.

[...]

En mi partida de nacimiento, mi nombre figura como Calíope Helen Stephanides. En mi último carné de conducir (de la República federal de Alemania), mi nombre de pila es simplemente Cal. He sido guardameta de hockey sobre hierba, miembro durante mucho tiempo de la Fundación para Salvar al Manatí, esporádico asistente a la misa ortodoxa griega y, durante la mayor parte de mi vida adulta, funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores de Estados Unidos. Como Tiresias, primero fui una cosa y luego otra. Fui ridiculizado por mis compañeros de clase, convertido en conejillo de Indias por los médicos, palpado por especialistas y calibrado por Don Dinero. Una pelirroja de Grosse Pointe se enamoró de mí, sin saber lo que era (También le gusté a su hermano.) Un carro blindado me condujo a una batalla urbana; una piscina me convirtió en mito; abandoné mi cuerpo para tomar posesión de otros: y todo esto ocurrió antes de que cumpliera dieciséis años.

Middlesex. Jeffrey Eugenides

El sentido del humor, cuestión de tiempo.

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Me molestaba que el anciano quisiera sustraerse a mis preguntas y a mis quejas de una manera tan bromista, y lo miré lleno de enojo. Entonces se inclinó un poco hacia adelante, puso su boca muy cerca de mi oreja, su boca ya enteramente infantil, y me susurró quedo al oído: "Hijo mío, tomas demasiado en serio al viejo Goethe. A los viejos, que ya se han muerto, no se les puede tomar en serio, eso sería no hacerles justicia. A nosotros los inmortales no nos gusta que se nos tome en serio, nos gusta la broma. La seriedad, joven, es cosa del tiempo; se produce, esto por lo menos quiero revelártelo, se produce por una hiperestimación del tiempo, por eso quería llegar a los cien años. En la eternidad, sin embargo, no hay tiempo, como ves: la eternidad es sólo un instante, lo suficientemente largo para una broma.

El lobo estepario. Hermann Hesse

Tempus fugit

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O tempo non é un problema. Agora, por moito que me esforce, seguramente non poderei correr coma antes, e quero, con boa vontade, aceptar esa realidade. Aínda que non se pode dicir alegremente, iso é envellecer. Do mesmo xeito que eu teño a miña función, o tempo ten o seu cometido. E o tempo está a obrar con moita máis lealtade e moito máis tino ca min. Porque o tempo leva avanzando sen parar dende que o tempo existe (dende cando será?) E aos que nos libramos dunha morte prematura, concedéusenos o dereito privilexiado, digno de agradecer, de envellecer indefectiblemente. Agárdanos a honra do decaemento gradual do corpo. Temos que aceptar esa realidade e afacernos a ela.

Do que estou a falar cando falo de correr. Haruki Murakami.

Cigüeñas transportistas y coles mutantes

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Los niños de hace años crecían de lo más tranquilos escuchando que a los niños los traía una cigüeña o que crecían debajo de una col. Con Internet, vivimos malos tiempos para las cigüeñas transportistas y las coles mutantes, porque son historias que no aguantan ni la primera búsqueda en Google.

Todo va a cambiar. Tecnología y evolución: adaptarse o desaparecer, Enrique Dans (2010, Deusto)

La guerra

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...Un morisco se acercó al grupo de cristianos con una cabeza clavada en una pica y bailó acercándola a sus rostros. Al fin, los gritos fueron tornándose en cánticos que festejaban el salvaje fin de los cristianos. "Moriré por Cristo". Hernando fijó la mirada en el cadáver destrozado de Gonzalico: su cuerpo era uno más de los que se amontonaban junto a la iglesia en un inmenso charco de sangre. [...] Algunos monfíes andaban por encima de los cadáveres en busca de moribundos a los que rematar; la mayoría reía y charlaba. Alguien hizo sonar una dulzaina, y hombres y mujeres empezaron a danzar.

[...]

Esa noche murieron más de mil mujeres con sus hijos en la plaza de la iglesia de Juviles. Aquellas que permanecían refugiadas en el interior del templo se salvaron al cerrar las puertas, pero la plaza apareció sembrada de cadáveres de indefensas mujeres y niños asesinados. Junto a algunos soldados muertos por sus compañeros en la confusión, sólo se encontró el cadáver de un morisco, que alguien reconoció como un vecino de Cádiar. El marqués de Mondéjar inició una investigación por el amotinamiento y ejecutó a tres soldados que, al amparo de la oscuridad, habían intentado forzar a una mujer, originando sus gritos y con ellos el desconcierto que desencadenó la matanza.


La mano de Fátima. Ildefonso Falcones

Y después de arrancarle la peluca a la patrona...

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La solterona no volvió a maltratarme y como nunca mencionó el cabello perdido, acabé considerando ese asunto una pesadilla que se filtró en la casa por alguna rendija. Tampoco me prohibió mirar el cuadro, porque seguramente adivinó que, de ser necesario, yo le habría hecho frente a mordiscos. Para mí esa marina con sus olas espumantes y sus gaviotas inmóviles llegó a ser fundamental, representaba el premio a los esfuerzos del día, la puerta hacia la libertad. A la hora de la siesta, cuando los demás se echaban a descansar, yo repetía la misma ceremonia sin pedir permiso ni dar explicaciones, dispuesta a todo por defender ese privilegio. Me lavaba la cara y las manos, me pasaba el peine, estiraba mi delantal, me calzaba las zapatillas de salir y me iba al comedor. Colocaba una silla frente a la ventana de los cuentos, me sentaba con la espalda recta, las piernas juntas, las manos en la falda como en misa y partía de viaje. A veces notaba que la patrona me observaba desde el umbral de la puerta, pero nunca me dijo nada, me había cogido miedo.
- Así está bien, pajarito -me animaba Elvira-. Hay que dar bastante guerra. Con los perros rabiosos nadie se atreve, en cambio a los mansos los patean. Hay que pelear siempre.
Fue el mejor consejo que he recibido en mi vida. Elvira asaba limones en las brasas, los cortaba en cruz, los ponía a hervir y me daba a beber esa mixtura, para hacerme más valiente.

Eva Luna, Isabel Allende.

Estado actual de las letras

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Me permito el lujo de estrenar blog, "El libro de Rubik" otra genial idea de la siempre efervescente mente de Dani.
Y para ello un extracto de anti-literatura, de lo que nunca más vas a volver a ver escrito en este blog (palabrita), escribir de esta manera debería estar prohibido por ley:

recverda ....
       para k svfrir ...para k llorar ....si vn amor  se va ....otro vendrà...tkm simplemente tu amix de hoy y 100pre
Como mínimo se ha vuelto al uso de "V" como "U", por lo que se aprecia una querencia por las letras clásicas.

Nos leemos.