Leer

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Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive sólo una.
Canción de Hielo y Fuego, George R.R. Martin.

iWatch

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En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la espiral de la galaxia brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.

En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes digitales son de muy buen gusto.
La guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams.

La Guardia de la Noche

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“—Escuchad mis palabras, sed testigos de mi juramento ... La noche se avecina, ahora empieza mi guardia. No terminará hasta el día de mi muerte. No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos. No llevaré corona, no alcanzaré la gloria. Viviré y moriré en mi puesto. Soy la espada en la oscuridad. Soy el vigilante del Muro. Soy el fuego que arde contra el frío, la luz que trae el amanecer, el cuerno que despierta a los durmientes, el escudo que defiende los reinos de los hombres. Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche, durante esta noche y todas las que estén por venir.”
Canción de Cielo y Fuego, George R.R. Martin.

Mucho más inteligentes

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El hombre siempre supuso que era más inteligente que los delfines porque había producido muchas cosas --la rueda, Nueva York, las guerras, etc.--, mientras que los delfines lo único que habían hecho consistía en juguetear en el agua y divertirse. Pero a la inversa, los delfines siempre creyeron que eran mucho más inteligentes que el hombre, precisamente por las mismas razones.

Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams.

Si tu ordonnes à ton peuple d'aller se jeter à la merDE, il fera la révolution.

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Si j'ordonnais à un général de voler d'une fleur à l'autre à la façon d'un papillon, ou d'écrire une tragédie, ou de se changer en oiseau de mer, et si le général n'exécutait pas l'ordre reçu, qui, de lui ou de moi, serai dans son tort?
- Ce serait vous, dit fermement le petit prince.
- Exact. Il faut exiger de chacun ce que chacun peut donner, reprit le roi. L'autorité repose d'abord sur la raison. Si tu ordonnes à ton peuple d'aller se jeter à la mer, il fera la révolution. J'ai le droit d'exiger l'obéissance parce que mes ordres sont raisonables.


Le petit prince, Antoine de Saint-Exupéry.

Un poco por casualidad

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–¿Qué es-estudias? –me preguntó.

–Teatro –le respondí.

–¿Haces teatro?

–No. Se trata de leer obras de teatro, de investigar. Ya sabes, Racine, Ionesco, Shakespeare...

Repuso que, aparte de Shakespeare, no había oído hablar jamás de los otros autores. Yo apenas los conocía, pero figuraban en el índice de materias del curso.

–Bu-bueno, sea como sea, eso es lo que te gusta –dijo.

–No especialmente –repuse.

Esta respuesta lo desconcertó. Y cuando se desconcertaba su tartamudeo se agravaba. Me sentí culpable.

–Me daba igual una cosa que otra –le expliqué–. Etnología, historia de Asia... Al final elegí teatro un poco por casualidad.

Por supuesto, no era ése el tipo de explicación que podía convencerlo.

–No lo en-entiendo. –Puso cara de no entender nada–. En mi ca-caso, me gustan los ma-mapas, y por eso estudio ma-mapas. Por eso, he en-entrado en una universidad de Tokio, y mis padres me envían di-dinero. Pero tú dices que a ti no te pa-pasa lo mismo que a mí...

Su argumento era más lógico que el mío, así que desistí de seguir dándole explicaciones.
Tokio blues, Haruki Murakami.

¿Por qué rezas tú?

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«En la juventud —se dijo— rezamos por el triunfo de nuestras ansias; llega una edad en que sólo se reza por la paz de nuestros muertos. Aquéllas disminuyen y éstos aumentan. Eso es, al fin, toda la vida y todas las vidas».
El bosque animado, Wenceslao Fernández Flórez.