La carretera, Cormac McCarthy.Te ha dolido, ¿verdad?, dijo el chico.Sí.¿Eres muy valiente?Regular.¿Qué es lo más valiente que has hecho?Escupió en la carretera una flema sanguinolenta. Levantarme esta mañana, dijo.¿En serio?No. No me hagas caso. Vamos, en marcha.
La valentía
No te apresures
Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos.El señor de los anillos, J.R.R. Tolkien.
A toro pasado
El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido.El Libro De Los Amores Ridículos, Milan Kundera.
El torturador
Capitán: “ Si usted muere sin nombrar un solo dato, para mí es la derrota total, la vergüenza total. Si en cambio dice algo, habrá también algo que me justifique. Ya mi crueldad no será gratuita, puesto que cumple su objetivo. Es sólo eso lo que le pido, lo que le suplico...”Pedro y el capitán, Mario Benedetti.
Naturalmente contradictorios
- ¿Por qué me iba a enfadar? - Se enfadó Havel.El libro de los amores ridículos, Milan Kundera.
Hesse nos esboza Terminator
Me encontré arrebatado, en un mundo agitado y bullicioso. Por las calle corrían los automóviles a toda velocidad y se dedicaba a la caza de los peatones, los atropellaban haciéndolos papilla, los aplastaban horrorosamente contra las paredes de las casas. Comprendí el punto: era la lucha entre los hombres y las máquinas preparada, esperada y temida desde hace mucho tiempo, la que por fin había estallado. Por todas partes yacían muertos y mutilados, por todas partes también automóviles apedreados, retorcidos, medio quemados; sobre la espantosa confusión volaban aeroplanos, y también a estos se les tiraba desde muchos tejados y ventanas con fusiles y con ametralladoras. En todas las paredes anuncios fieros y magníficamente llamativos invitaban a toda la nación, en letras gigantescas que ardían como antorchas, a ponerse al fin al lado de los hombres contra las máquinas, a asesinar por fin a los ricos opulentos, bien vestidos y perfumados, que con ayuda de las máquinas sacaban el jugo a los demás y hacer polvo a la vez sus grandes automóviles, que no cesaban de toser, de gruñir con mala intención y de hacer un ruido infernal; a incendiar por último las fábricas y barrer y despoblar un poco la tierra profanada, para que pudiera volver a salir la hierba y surgir otra vez del polvoriento mundo de cemento algo así como bosques, praderas, pastos, arroyos y marismas.
El lobo estepario. Hermann Hesse
El que ha de preocuparse por todo
Solo tenía hambre, papá. Se va a morir.
Se morirá igualmente.
Está muy asustado.
El hombre se puso en cuclillas y le miró. Yo también estoy asustado, dijo. ¿Entiendes? Muy asustado.
El chico no replicó. Se quedó sentado con la cabeza gacha, sollozando.
Tú no eres el que ha de preocuparse por todo.
El chico dijo algo pero no pudo entenderlo. ¿Qué?, dijo.
Levantó la cara húmeda y tiznada. Sí que lo soy, dijo.
La carretera, Cormac McCarthy.
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