En otro aspecto, sucede lo mismo con la música. Si hay un arte privado de enseñanza es ése. Está demasiado próximo a las matemáticas para no haber tomado algo de su gratuidad. Ese juego del espíritu consigo mismo según leyes convenidas y medidas se despliga en el espacio sonoro que es el nuestro y por encima del cual las vibraciones se encuentran, no obstante, en un universo inhumano. No existe sensación más pura.El mito de Sísifo, Albert Camus.
Música, absurdidad y pureza
maledicció
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