Si tu ordonnes à ton peuple d'aller se jeter à la merDE, il fera la révolution.

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Si j'ordonnais à un général de voler d'une fleur à l'autre à la façon d'un papillon, ou d'écrire une tragédie, ou de se changer en oiseau de mer, et si le général n'exécutait pas l'ordre reçu, qui, de lui ou de moi, serai dans son tort?
- Ce serait vous, dit fermement le petit prince.
- Exact. Il faut exiger de chacun ce que chacun peut donner, reprit le roi. L'autorité repose d'abord sur la raison. Si tu ordonnes à ton peuple d'aller se jeter à la mer, il fera la révolution. J'ai le droit d'exiger l'obéissance parce que mes ordres sont raisonables.


Le petit prince, Antoine de Saint-Exupéry.

Un poco por casualidad

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–¿Qué es-estudias? –me preguntó.

–Teatro –le respondí.

–¿Haces teatro?

–No. Se trata de leer obras de teatro, de investigar. Ya sabes, Racine, Ionesco, Shakespeare...

Repuso que, aparte de Shakespeare, no había oído hablar jamás de los otros autores. Yo apenas los conocía, pero figuraban en el índice de materias del curso.

–Bu-bueno, sea como sea, eso es lo que te gusta –dijo.

–No especialmente –repuse.

Esta respuesta lo desconcertó. Y cuando se desconcertaba su tartamudeo se agravaba. Me sentí culpable.

–Me daba igual una cosa que otra –le expliqué–. Etnología, historia de Asia... Al final elegí teatro un poco por casualidad.

Por supuesto, no era ése el tipo de explicación que podía convencerlo.

–No lo en-entiendo. –Puso cara de no entender nada–. En mi ca-caso, me gustan los ma-mapas, y por eso estudio ma-mapas. Por eso, he en-entrado en una universidad de Tokio, y mis padres me envían di-dinero. Pero tú dices que a ti no te pa-pasa lo mismo que a mí...

Su argumento era más lógico que el mío, así que desistí de seguir dándole explicaciones.
Tokio blues, Haruki Murakami.

¿Por qué rezas tú?

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«En la juventud —se dijo— rezamos por el triunfo de nuestras ansias; llega una edad en que sólo se reza por la paz de nuestros muertos. Aquéllas disminuyen y éstos aumentan. Eso es, al fin, toda la vida y todas las vidas».
El bosque animado, Wenceslao Fernández Flórez.

A vueltas con los bipolares

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(Va ser) la naturalesa exigent de les meves aspiracions, més que no pas el caràcter degradant de les meves culpes, que em va fer tal com era,i que, amb una trinxera més fonda que la de la majoria dels homes, va dividir en mi aquelles parcel·les del bé i del mal que separen i constitueixen la naturalesa dual de l'home.
[...]
Però, malgrat la meva fonda dualitat, no era pas hipòcrita, les meves dues cares eren decididament genuïnes: quan vaig abandonar tota restricció i em vaig enfonsar en la vergonya, no era pas menys jo mateix que quan treballava, a la vista de tothom, per fer avançar el coneixement o per alleujar la pena i el dolor.
[...]
em vaig anar acostant regularment a aquella veritat amb la descoberta parcial de la qual he estat condemnat a aquest terrible naufragi: que l'home no és realment una unitat, sinó una dualitat. Dic dualitat, perquè l'estadi del meu coneixement actual no va més enllà d'aquest punt. En vindran d'altres, uns altres que em superaran en la mateixa direcció, i m'atreveixo a predir que l'home serà finalment considerat i reconegut com un conglomerat de personalitats diferents, discrepants i independents. Jo, per la meva part, a causa de la naturalesa de la meva vida, he avançat infal·liblement en una direcció i només en una.
El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson.

Perdidamente enamorados

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La mayoría de los empleados del periódico hace años que trabajan allí. Se han casado contando con os ingresos que éste les proporciona, han tomado hipotcas gracias a este lugar, han creado familias sabiendo que el dinero financiaría la vida de sus hijos. Si este lugar se hunde, están arruinados. Durante todos estos años han vilipendiado al diario, pero ahora que amenaza con despedirlos, vuelven a estar perdidamente enamorados de él.
-¿Estamos todos? -pregunta Oliver.
Durante un minuto, habla de forma improvisada, después se pone nervioso y coge una copia del informe confidencial sobre el periódico del consejo de administración de Ott. Mientras examina las páginas, va lanzando miradas suplicantes en dirección a Kathleen. Ésta aparta la vista. Él se aclara la garganta y encuentra por fin un pasaje relevante. Lo lee en voz alta, y añade:
-Esto es lo que ha decidido el consejo. -Se aclara nuevamente la garganta-. Lo siento mucho.
Los imperfeccionistas, Tom Rachman.

Los delfines

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Es un hecho importante y conocido que las cosas no siempre son lo que parecen. Por ejemplo, en el planeta Tierra el hombre siempre supuso que era más inteligente que los delfines porque había producido muchas cosas -la rueda, Nueva York, las guerras, etcétera-, mientras que los delfines lo único que habían hecho consistía en juguetear en el agua y divertirse. Pero a la inversa, los delfines siempre creyeron que eran mucho más inteligentes que el hombre, precisamente por las mismas razones.

Guía del autoestopista galáctico, Douglas Adams.

Música, absurdidad y pureza

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En otro aspecto, sucede lo mismo con la música. Si hay un arte privado de enseñanza es ése. Está demasiado próximo a las matemáticas para no haber tomado algo de su gratuidad. Ese juego del espíritu consigo mismo según leyes convenidas y medidas se despliga en el espacio sonoro que es el nuestro y por encima del cual las vibraciones se encuentran, no obstante, en un universo inhumano. No existe sensación más pura.
El mito de Sísifo, Albert Camus.