-Espere usted -dijo cortesmente Gustavo-, la noción del deber ciertamente que no la conozco, no la conozco ya. En otro tiempo me dió mucho que hacer por razón de mi oficio; yo era profesor de Teología. Además fui soldado y estuve en la guerra. Lo que me parecía que era el deber y lo que me fue ordenado en toda ocasión por las autoridades y los superiores, todo ello no era bueno en verdad; hubiera preferido hacer siempre lo contrario. Pero aun cuando no conozca ya el concepto del deber, conozco, sin embargo, el de la culpa; acaso son los dos la misma cosa. Por haberme traído al mundo una madre, ya soy culpable,ya estoy condenado, a matar, a pagar impuestos para armamentos. Y ahora, en ese momento, la culpa de vivir me ha llevado otra vez, como antaño en la guerra, a tener que matar. Y en esta ocasión no mato con repugnancia, me he rendido a la culpa, no tengo nada en contra de que este mundo sobrecargado y necio salte en pedazos; yo ayudo con gusto, y con gusto sucumbo yo mismo a la vez.El lobo estepario. Hermann Hesse.
Deber y culpa
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2 comentarios:
Sin ánimo de ser pesado, debo advertir que aun me quedan un par de citas de este magnífico libro. Me resulta inevitable.
@Robert: Me apuesto aquí y ahora a que consigo que alguna te guste :D
No digo que no haya alguna cita que me guste... probablemente la hay, es más, las dos que has puesto me parecen interesantes pero el libro me resultó largo y pesado... y eso que es cortito, jamás le encontré el ritmo.
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